lunes, 17 de mayo de 2010

El poder del Agua




Nos reisistimos generalmente a creer estas afirmaciones sobre algo tan común como el Agua... pero hagámonos una pregunta ¿No será que es demasiado común el Agua? Lo cierto es que está en la mayor parte de lo que nos rodea. Nosotros mismos somos Agua.

No nos creamos nada.

Hagamos el experimento.

Es muy sencillo y lo comprobaremos.

Tashi delek

domingo, 16 de mayo de 2010

Redes: Meditación, Budismo, Mente

Una pequeña selección de videos que Redes, el progama presentado por Eduard Punset, nos ha ofrecido sobre Mente, Budismo Y Meditación.

Gracias Punset









Redes (16/05/10): La ciencia de la compasión


viernes, 14 de mayo de 2010

LA PLAYA

LA PLAYA

La pequeña lámpara de gas iluminaba el rostro precioso de Clara, era un pequeño punto de luz en la inmensa playa y el cielo estaba totalmente cubierto de estrellas. Solíamos ir a la playa muchas noches en Agosto, siempre estábamos solos y Clara junto a su inseparable lámpara de gas aprovechaba esas noches para estudiar sus tediosos apuntes para las Oposiciones, no sin antes haber liado un cigarro de María, era la única persona que yo conocía con la capacidad de concentrarse en dichas circunstancias. Clara era una chica canijilla como la solía llamar yo, con el pelo muy negro y cortito, sin llegar a ser muy morena tenía un ligero tono oscuro en la piel y una de las miradas más sugerentes que yo me había encontrado nunca. Cada vez que sonreía me robaba un beso, quisiese yo o no.
Yo estaba metido en el agua hasta la cintura, para mi es muy atrayente bañarme por la noche en la playa, sobre todo en noches como hoy que no hay apenas luna y está tan oscuro. Observaba a Clara mientras con las yemas de los dedos acariciaba el agua que permanecía quieta como un plato solo perturbada por mis suaves movimientos. Parecía tan absorta en esos aburridos apuntes… bueno la María también ayudaba.
Sentí ganas de sumergirme y sin pensarlo más me dejé caer hacia atrás notando como el agua fría se iba apoderando de todo mi cuerpo. Lo que sucedió a continuación intentaré explicarlo con las palabras más adecuadas:
Cuando estaba sumergido por completo sentí un calor inmenso y que seguía cayendo hacia atrás como en el abismo, vi como la superficie se alejaba más y más hasta que se me nubló la vista, a partir de aquí viví sensaciones de la infancia, cosas tristes y otras muy alegres, dolor y placer… e intenté gritar sintiendo la misma frustración que cuando uno lo intenta en sueños… sentí perder el conocimiento y en ese mismo momento reaccioné y me incorpore tocando con los pies y las manos la arena del suelo. Me puse en pie inmediatamente con el corazón a mil. Volvía a estar de pié con el agua a la cintura, me sequé la cara apresuradamente con las manos y cuando abrí los ojos todo estaba igual que antes…bueno…todo no, ¡Clara no estaba! Miré hacia un lado y otro pero nada la playa estaba vacía. ¿Qué pasa? Mi cuerpo temblaba. Entonces arriba de la playa en el camino se encendieron las luces de un coche.
-Clara! –exclame mientras me temblaba el labio inferior y seguidamente grité:
-Clara!!! -intente echarme a correr fuera del agua y me caí. Ya estaba otra vez bajo el agua viviendo ese despropósito de situaciones tan oníricas. Igual que la vez anterior, después de un rato logré incorporarme y abrí los ojos inmediatamente pensando en salir corriendo tras el coche, casi lloraba, pensaba si el coche ya se habría ido, entonces cuando miré la playa, ¡sorpresa! Allí estaba Clara, iluminada por la luz de su lámpara, en su pequeño mundo de apuntes como si nada hubiese pasado. Yo no sabía que hacer, pensaba en salir del agua pero no me atrevía a moverme, hasta que el miedo me invadió y salí a la carrera chapoteando como si el agua estuviese llena de tiburones hambrientos.
Clara levantó la cabeza por primera vez de aquellos apuntes y me miraba un poco asustada mientras corría hacia ella. Me dejé caer de rodillas a su lado jadeando y temblando.
-¿Queeee paassaa? –dijo Clara alargando las palabras como solía hacer cuando se burlaba.
-¿Nos vamos? –pregunté a la vez que me vestía sin secarme y recogía todo apresuradamente.
-Pero… ¿por qué?... tio me asustas ¿Qué has visto?
-No he visto nada, vámonos ya por favor – dije mientras guardaba sus apuntes mojándolos con mis manos aún húmedas.
-Joder tio que puntos te dan y eso que no fumas -dijo Clara entre dientes mientras se levantaba y me seguía –por lo menos espérame.
El coche estaba aparcado arriba de la playa en el mismo sitio dónde había visto las luces de aquel coche. Nos metimos dentro y arranque el coche, Clara comenzó a ordenar un poco sus apuntes, protestando un poco, mientras yo encendía las luces, al iluminar la playa un escalofrío me recorrió la espalda. En el agua había una persona con el agua por la cintura. Clara seguía absorta es su orden de papeles. Entonces aquel hombre que me resultaba extrañamente familiar pero no distinguía bien, gritó algo que me pareció ser:
-Clara!!! –entonces Clara levantó la cabeza y dijo:
-¿Has oído algo?
-No –Contesté secamente mientras veía a aquel conocido sumergirse de un resbalón al intentar salir del agua.
Permanecí allí un minuto hasta que Clara inquirió:
-Bueno… tanta prisa… ¿Nos vamos o qué?
Puse la marcha atrás y salí del camino lentamente hasta incorporarme en la carretera mientras trataba de asimilar todo lo que había pasado.
Íbamos camino de casa, la carretera estaba casi vacía, empezaba a amanecer y Clara dormía en su asiento como una marmotilla . Yo no dejaba de darle vueltas… era yo… creo que si… pero no había sido un sueño… por un momento tuve miedo de perder a Clara… me alegraba mucho de tenerla a mi lado mientras el sol salía.

jueves, 13 de mayo de 2010

QUIERO SALVAR UNA VIDA

Esta pequeña historia, que me sucedió realmente, me enseñó algo muy bonito un día que no había comenzado muy bien. Espero que alguien, aunque solo sea minimamente, se emocione.


Martin.



Eran más o menos las 6 de la tarde de un Domingo cuando llegamos al servicio de Urgencias del Hospital de Santiago de Compostela. Le habíamos entregado la tarjeta sanitaria al celador y explicado con pocas palabras lo del dolor de la pierna. El tomó nota en la hoja de incidencias y seguidamente con el dedo índice señaló la sala de espera mientras murmuraba algo que pudimos deducir que era:
-Esperen ahí hasta que les llamen -nos devolvió el papeleo y nos despedimos de su cogote ya que era lo único que habíamos podido ver.
En la sala había unas cuantas personas ya esperando; Una pareja chicas inglesas que no paraban de hablar en un tono medio-bajo, las pocas palabras que pude entender y por los gestos y miradas que dirigían a uno de los pies de la que menos hablaba deduje que era una peregrina pagando penitencia. Otra señora mantenía la cabeza baja en el medio de las manos. También había un señor muy mayor en una silla de ruedas conectado a algunas cosillas que hoy en día prolongan las vidas de las personas, a veces de manera desproporcionada… Alguno más dormitaba y otros murmuraban cosas por lo bajo cada vez que miraban el reloj. Tomamos asiento y pasamos a formar parte de ese alegre grupo de desconocidos.
Una voz por megafonía dijo el nombre de una mujer con un tono tan alto e indescifrable que todo el mundo levantó la cabeza con expresión de dolor en los oidos mientras alguno criticaba con el vecino el tono tan exagerado e inútil. La señora que mantenía la cabeza entre las manos se levantó sin mediar palabra y enfiló hacia la sala de atención médica todavía con las manos marcadas en los mofletes. Una vez hubo desaparecido tras la puerta cada uno volvía a su pequeña rutina.
Clara mantenía la mano en mi pierna y de vez en cuando la deslizaba suavemente en movimientos circulares con una vana intención de sanarla tan solo con su preocupación.
-¿Te duele mucho?- preguntó en tono muy bajito mientras me miraba con esos ojos tristones, y a la vez, su boca dibujaba una tímida sonrisa que no intentaba más que animarme.
-Creo que ya no me duele tanto.- dije buscando la mejor cara posible. Ella dejo caer suavemente su cabeza sobre mis hombros con la certeza de me dolía “a saco” pero no quería decirlo. Seguimos así durante una media hora sin que nada en esa sala se moviese.
Una voz interrumpió la rutina:
-Siéntate por donde veas voy a darle los papeles al pavo de la puerta- la voz parecía salir del estómago y tenía un aire de pasotismo. Seguidamente por la puerta apareció una gitana a la que yo conocía perfectamente, cuando era niño y vivía en casa de mi madre ella era nuestra vecina aunque ahora mismo estaba completamente seguro de que no me reconocería. Tomó asiento. Cinco minutos más tarde entro en escena su acompañante no sin antes deleitarnos con un montón de parrafadas y quejas que le fue soltando al celador y que rompían la profunda calma que había reinado en esa sala hasta el momento. El era un hombre de unos cuarenta años, pallo, claramente afectado por muchos años de desfase. Mientras tomaba asiento al lado de Luciana (yo recordaba su nombre perfectamente) le seguía relatando todo lo que acabábamos de escuchar y soltando alguna queja referente al tiempo que tendrían que esperar.
-Joer- continuaba él mientras sus ojos no se abrían completamente- es que la seguridá social es la polla, mis viejos estuvieron pagando toda la vida pa que les dieran mierda.
Ella apenas hacía caso de sus comentarios, simplemente nos miraba con una sonrisa tímida como queriendo disculpar las tonterías de su acompañante. Lo cierto es que yo la recordaba así, una persona muy infantil, cabeza de una familia totalmente desestructurada, marido en la cárcel siempre, un hijo y una hija Yonkis, los dos ya habían muerto apenas pasada la adolescencia y su casa siempre había sido un punto de venta de Heroína. Con todo y esto siempre me había sorprendido mucho la ingenuidad de Luciana. Era bajita y delgadita siempre con una cola atando un pelo negro que no había conocido tijera, las faldas hasta los pies y su calzado ideal eran las zapatillas de casa. Todo esto siempre iba acompañado de anillos, colgantes y demás, todo de oro. Se reia de todo, cualquier chiste le hacía gracia y circulaba por el barrio como una niña pequeña tímida y a la vez temerosa de que la señalaran con el dedo o de recibir la bronca de alguna madre de un Yonki del barrio que pudiese reconocer un anillo que el hijo le hubiese canjeado por Jaco. Lo del marido era otra historia, era una de las personas más malas que recuerdo. Solía aparecer con un seat 124 que hacía más ruido que un tráiler, nunca lo cerraba pero nadie se atrevería ni tan siquiera a pasar cerca. Todos sabíamos que la ira de ese desgraciado recaía siempre en Luciana pero los vecinos no se compadecían en absoluto ya que eran, según ellos, los que mataban a sus hijos. Él murió en la cárcel.
Luciana seguía allí sentada observándonos fugazmente. Su acompañante por fin paró de hablar y decidió abrir los ojos, solo un poco más, y echar un vistazo a la gente que allí estábamos, cuando su mirada se cruzó con la mía paró un momento e hizo un pequeño gesto de saludo que yo devolví por respeto, y caí en la cuenta, era el Manu! Ya no quedaba nada de aquel niño que había venido conmigo al colegio. Por un momento pensé que vendría a deleitarme con uno de sus discursos, cosa que no me apetecía nada por que me dolía la pierna y su rollo me haría doler la cabeza, pero no lo hizo, bajó la cabeza con los ojos entrecerrados y permaneció así un rato, sumido en pensamientos que rozaban la ensoñación.
Ya se habían ido un par de personas más y llegado otras tantas. Hacía un buen rato que era de noche y yo ya empezaba a estar realmente incomodo, cosa que Clara notaba perfectamente y seguía intentando mitigar mi dolor a base de caricias y pequeños besitos en el cuello. Ahora el silencio era total pero duró poco, el Manu decidió que ya era hora de arreglar el mundo y el retraso de la sanidad así que comenzó una nueva colección de críticas y protestas, pero esta vez Luciana no le hacía caso en absoluto y permanecía con la mirada fija en el suelo. Hizo un gesto a su parlanchín acompañante para que dejara de hablar y con el dedo señaló el suelo:
-¿Qué es eso?- sin poder evitarlo todos miramos pero no vimos nada.
-¿Lo qué?- preguntó el pobre de Manu que no hubiese visto nada aunque delante de sus narices hubiese un muro.–Yo no veo ná joer.
Pero ella insistió.
-Ahí delante hay un bichillo, ¿es una araña? Dijo mientras miraba con curiosidad.
Ahora sin quererlo estábamos todos atentos a la conversación e incluso inclinábamos la cabeza intentando ver algo. Ella bajó la cabeza hasta al suelo y dijo:
-Es una arañita canija.
-Pos mátala joer…písala. –pero ella se giró hacia el y muy seria le dijo:
-¿Por qué la voy a matar chaaachoo…? ¿Qué ta hecho?
-Pos alomejor me pica no te jode. –dijo el mientras esbozando una pequeña sonrisa nos miró buscando algo de complicidad a su pequeña broma y de paso nos delitó con una dentadura que parecía un castillo en ruinas. Cuando vió que nadie se reía le dijo ya en un tono un poco más fuerte:
-Mátala ya hostia y no jodas con la puta araña.
-Aiiii, vete a la mierda pallo. -le respondió ella ya más enfadada. Entonces sacó el DNI que parecía más bien un pergamino e hizo todo lo posible por cogerla para poder trasladarla hasta la calle. Después de algunos intentos lo consiguió y entró riendo como una niña y cuando vió que nadie se reía ni hacia ningún comentario al respecto bajo la cabeza y se sentó. Por un momento ella cruzó su mirada con la mía y yo le sonreí entonces ella me devolvió una preciosa sonrisa llena de satisfacción por lo que había hecho. Después su mirada permaneció perdida durante largo rato, yo la observaba por el rabillo del ojo, y su mirada y sonrisa se fueron apagando hasta quedar pensativa y seria. Hubiese jurado que pensaba en sus hijos, en su vida o en todo lo que le había pasado.
Creo que una persona que ha visto morir a sus hijos a causa de la droga que ella misma vendía, que recibió palizas toda la vida, el rechazo de sus vecinos y la sociedad pero que todavía conserva la intención de salvar un mínima arañita se merece todo mi respeto, creo que en ese momento me hubiese levantado a abrazarla… aunque no sé como hubiese reaccionado el Manu o ella misma.
Yo sé que si no fuese por las situaciones de su vida Luciana hubiese sido una gran persona. Para mi fue una lección de vida.
Entonces escuchamos mi nombre y me encaminé hacia la consulta, con menos dolor en mi pierna o por lo menos dándole menos importancia.